🇰🇭 Siem Reap: el inicio de la aventura
- Addiel Cesar Amaro
- hace 6 días
- 8 Min. de lectura

🇰🇭 DÍa 1 - conociendo una gran ciudad
Viajar a Asia siempre suena lejano… hasta que estás subido en un avión desde Monterrey y empiezas a encadenar escalas rumbo al otro lado del mundo.
Nuestro viaje arrancó con un vuelo Monterrey–San Francisco. Estuvimos ahí unas horas, caminando entre salas, viendo tiendas, descansando un poco y mentalizándonos de que el verdadero salto venía después.
De ahí tomamos el vuelo hacia Hong Kong. Fue un vuelo cómodo y, dentro de lo posible, ligero. Cuando llegamos al aeropuerto de Hong Kong, ahí sí te cae el veinte de que ya estás muy, muy lejos de casa: enorme, moderno, lleno de tiendas, pasillos interminables y salas que parecen no acabarse nunca.
Entre una caminata y otra, conocimos a una pareja de regios que también venía desde Monterrey. Ellos iban a tomar un crucero con un grupo de amigos ya grandes; un plan totalmente distinto al nuestro, pero justo eso tiene de mágico encontrarte gente de tu ciudad tan lejos.
Pasamos migración, volvimos a caminar otro montón para encontrar la sala correcta y tomamos el siguiente vuelo hacia Bangkok. Esa escala fue medio caótica: el aeropuerto está raro, con señalización confusa y muchos pasillos que no llevan a donde crees. Dimos un par de vueltas, pero al final llegamos a la sala correcta sin problemas.
Ya con el cansancio acumulado, tomamos por fin el vuelo rumbo a Siem Reap. Ahí sí se sintió claro que empezaba la verdadera aventura.

🌡️ Llegada a Siem Reap: calor brutal y primeras caminatas
Aterrizamos en Siem Reap con un calor tremendo. No un calor “rico”, sino ese calor tropical que te abraza en cuanto bajas del avión. Pedimos un Grab para llegar al hotel (bendito Grab, nos salvó muchas veces en el viaje).
Dejamos las maletas, nos refrescamos un poco y lo primero que quisimos hacer fue salir a caminar y comprar agua. El cuerpo traía ya muchas horas de vuelo y lo que más queríamos era movernos y sentir la ciudad.
Siem Reap se siente humilde, auténtica y viva. Calles con motos, comercios pequeños, gente amable, todo a un ritmo distinto al que estamos acostumbrados. Desde el primer momento se siente que estás en otro mundo.
🥭 El mercado y el mejor mango de nuestras vidas
Algo que siempre nos gusta hacer en cualquier viaje es visitar los mercados locales. Ahí es donde realmente ves cómo vive la gente: qué comen, qué venden, qué colores forman parte de su día a día.
En uno de esos mercados de Siem Reap encontramos el mejor mango que hemos probado en la vida. En serio. Amarillo, grande, jugoso, dulce… espectacular. Fue casi un evento probarlo. También vimos cómo preparaban mariscos, frutas y otros productos frescos. Esos detalles son los que te hacen sentir que estás conociendo de verdad un país.
🛕 Primer recorrido de templos y un bosque lleno de murciélagos
Alrededor de mediodía empezamos nuestro primer recorrido en tuk-tuk hacia algunos templos de la zona. Más allá de los nombres específicos, la sensación era la de ir descubriendo pedacitos de historia escondidos entre vegetación, piedra y silencio.
En uno de esos lugares llegamos a un templo rodeado de árboles llenos de murciélagos. Cientos, quizá miles. El ruido era impresionante, como un murmullo constante desde las copas de los árboles. Verlos ahí colgados, uno tras otro, fue una experiencia surreal.
No era un lugar que hubiéramos tenido “en la lista”, pero se convirtió en uno de los recuerdos más potentes del día.
🍜 Cena, cervezas y cierre perfecto del primer día
Ya de regreso a la ciudad, decidimos ir a cenar al mismo lugar donde habíamos desayunado, porque también ofrecían cenas. Comimos muy bien, pedimos unos rollos y cerramos el día con unas cervezas frías, platicando todo lo que habíamos vivido en tan poco tiempo.
Terminamos cansados, acalorados y felices. Fue el cierre perfecto para nuestro primer día en Camboya.

🇰🇭 Día 2 — Amanecer en Angkor Wat, templos entre raíces y calor camboyano
El segundo día empezó de madrugada. Nos levantamos cuando todavía estaba oscuro para ir a ver el amanecer en Angkor Wat. El ambiente era silencioso, pero lleno de expectativa.
Tomamos un tuk-tuk y, al llegar, caminamos entre sombras y grupos de turistas medio dormidos hasta el lago frente al templo. Nos acomodamos y esperamos.
Poco a poco el cielo empezó a cambiar de color: primero tonos oscuros, luego naranjas, rosas, morados. Las torres de Angkor Wat se reflejaban en el agua como un espejo. Fue un momento de esos que se quedan tatuados en la memoria: no había mucho que decir, solo mirar.
📸 El guía-fotógrafo fan de Alejandra Guzmán
Ese día íbamos acompañados de un guía local, que se ganó nuestro cariño desde el principio. Sabía perfecto dónde colocarnos para las mejores fotos, nos acomodaba, nos decía cómo posar y se tomaba su papel de fotógrafo muy en serio.
Además, se sabía canciones de Alejandra Guzmán y las cantaba mientras nos ayudaba con las fotos, lo cual hacía todavía más surreal la escena: ahí estábamos, en Angkor Wat al amanecer, escuchando fragmentos de rock en español salidos de un guía camboyano.
[[PENDIENTE: nombre del guía]]
Después del amanecer, empezamos a recorrer Angkor Wat: subimos escaleras, caminamos por pasillos llenos de relieves, escuchamos historias sobre los reyes, las guerras, las creencias religiosas y la vida en esa época.
🌳 El templo de Tomb Raider y los árboles que se comen la piedra
Más tarde, el guía nos llevó a Ta Prohm, el templo donde se grabó la película Tomb Raider. A diferencia de otros templos de Angkor que han sido restaurados, Ta Prohm fue dejado casi tal cual fue encontrado: abandonado, invadido por raíces y tragado por la selva, lo que le da un ambiente completamente distinto.
Aquí los árboles no solo crecen alrededor… se comen el templo. Las raíces gigantes de los árboles de ceiba y higuera bajan como tentáculos sobre los muros, rompiendo piedras, abrazando puertas y envolviendo columnas completas. Es impresionante ver cómo la naturaleza literalmente reclamó el lugar.
Las fotos ahí parecen irreales: raíces del tamaño de un auto, pasillos oscuros cubiertos de musgo, bloques de piedra apilados como si el templo hubiera colapsado en cámara lenta. Y aun así, entre ese caos hermoso, se sienten la historia y la espiritualidad del lugar.
Mientras caminábamos por sus corredores estrechos, nos sorprendía pensar que todo eso tiene siglos siendo moldeado por el tiempo, el clima y los árboles que crecieron a su propio ritmo sin pedir permiso. Ta Prohm es, sin duda, uno de los templos más mágicos de todo Angkor.

🛕 Templos budistas y templos hinduistas
Durante el recorrido visitamos diferentes templos, tanto budistas como hinduistas. En los budistas, predominaban las cabezas de Buda y los rostros serenos tallados en piedra; en los hinduistas, las figuras y relieves de distintos dioses y escenas mitológicas.
Me encantó escuchar al guía explicando cómo se mezclaron las tradiciones religiosas a lo largo de los siglos y cómo eso se ve reflejado en la arquitectura.
🍺 Cerveza fría, calor extremo y las krama
El calor seguía siendo brutal, y se volvió una parte constante del día. En cierto punto del recorrido, paramos a comer en un restaurante incluido en el tour y ahí probé algo que se me quedó grabado: una cerveza Anchor bien fría, que en ese contexto sabía a gloria.
El guía, viendo que el calor nos estaba pegando duro, nos dio unas bufandas típicas camboyanas (krama) para cubrirnos la cabeza y el cuello. Desde ese momento se volvieron parte de nuestro “uniforme” para sobrevivir el clima.
También vimos varios changuitos en diferentes templos: algunos robando comida, otros simplemente sentados observando a los turistas como si fuéramos nosotros el espectáculo.
🌆 Noche en Pub Street
Después de terminar el recorrido de templos, regresamos al hotel a descansar un poco y por la noche salimos a conocer la zona más famosa de Siem Reap: Pub Street, una calle llena de luces, restaurantes, bares, puestos y turistas de todas partes del mundo.
La caminamos, vimos el ambiente, comimos algo ligero y dejamos que la ciudad nos envolviera con su mezcla de caos y encanto. Fue el cierre perfecto para un día intenso y lleno de historia.
🇰🇭 Día 3 — Un día más tranquilo: museo, rollitos camboyanos y danza Apsara
Después de dos días muy cargados de templos y caminatas bajo el sol, el día 3 fue mucho más relajado.
Empezamos regresando a nuestro lugar de desayuno favorito —el mismo del primer día— porque cuando algo te funciona, no hay razón para cambiarlo. Estaba cerca del hotel, ya conocíamos el menú y era casi como nuestro “punto base” en Siem Reap.
🏺 Museo de Siem Reap
Aunque normalmente no somos tan de museos, este sí lo disfrutamos bastante. Pasamos varias horas en el Museo Nacional de Angkor, aprendiendo más a fondo sobre:
El budismo y las diferentes representaciones de Buda.
Las deidades hinduistas que ya habíamos visto talladas en los templos.
La historia de Angkor y de Camboya en general.
Fue un buen complemento a todo lo que habíamos visto en piedra los días anteriores, pero ahora con contexto, explicaciones y aire acondicionado.
🥢 Rollitos camboyanos
Después del museo se nos antojaba algo ligero, así que fuimos a un lugar donde probamos rollitos camboyanos. Había opciones con verdura, con carne y diferentes salsas: algunas agridulces, otras con mango. Fue una comida sencilla pero muy rica, ideal para seguir el día sin pesadez.
💃 Danza Apsara y cena buffet
Por la noche fuimos a un espectáculo de danza Apsara, una de las tradiciones más emblemáticas de Camboya. Las bailarinas iban vestidas con trajes típicos y coronas, y cada movimiento era lento, preciso y lleno de significado.
Mientras ellas bailaban en el escenario, nosotros cenábamos en un buffet dentro del mismo recinto. Fue una forma muy bonita de cerrar el día: menos movimiento físico, pero mucha carga cultural.
🇰🇭 Día 4 — Los templos rojos y la ruta arqueológica del norte de Angkor
El día 4 lo dedicamos a un tour completamente diferente a lo que ya habíamos visto: una ruta hacia el norte de Angkor, famosa por incluir templos construidos en piedra rojiza y otros santuarios menos visitados pero igual de impresionantes. Sabíamos que sería otro día de calor y caminatas, pero también de historias, arquitectura y paisajes espectaculares.
Nos pasaron a recoger al hotel temprano y comenzamos a avanzar hacia la zona norte del complejo arqueológico.
🏛️ Un día de varios templos
El tour estuvo lleno de templos distintos entre sí, pero todos con una historia impresionante. Empezamos con Pre Rup, un templo hinduista muy bien conservado.
Después seguimos con Banteay Srei, famoso por su piedra arenisca rosa y sus tallados finísimos. Por la tarde visitamos otros tres templos icónicos de la zona norte: Preah Khan, con sus pasillos interminables; Ta Som, con su puerta devorada por un árbol gigantesco; y Mebon, que originalmente estaba rodeado de agua.
En todos los templos la constante era la misma: historia pura, piedra antigua, relieves detallados y esa sensación de estar caminando por lugares que han visto pasar siglos y siglos.
🛺 Tuk-tuk por nuestra cuenta y cena en el hotel
Al terminar el tour formal, decidimos movernos por nuestra cuenta. Tomamos un tuk-tuk y salimos a recorrer algunos puntos de Siem Reap de forma más rápida y libre, sin guía ni tiempos marcados, solo disfrutando el camino.
Ya por la noche, cerramos el día cenando tranquilamente en el hotel, recargando energía para la siguiente etapa del viaje.
🌏 Reflexión final sobre Camboya
Camboya era un destino al que le teníamos muchas ganas, aunque por tiempos del viaje solo pudimos dedicarle unos días a Siem Reap y la zona de Angkor. Aun así, nos dejó con una sensación muy clara: queremos volver.
La gente es humilde, amable y cálida. Te ayudan cuando tienes dudas, te sonríen, y en general nos sentimos seguros caminando por la ciudad. Al mismo tiempo, se siente la desigualdad, la dependencia del turismo y las cicatrices de la historia reciente.
Ver templos milenarios, pasar por mercados locales, escuchar historias de la región y convivir con guías y conductores nos hizo reflexionar sobre la realidad del país y sobre lo privilegiados que somos al poder viajar.
Camboya nos dejó una huella profunda: por su historia, por su gente y por esa mezcla de belleza y dureza que se respira en el ambiente. Es uno de esos lugares a los que uno quiere regresar, esta vez con más tiempo, más conciencia y el mismo deseo de aprender.
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